27 de abril de 2011

un ciudadano ejemplar

70 años después Orson Welles sigue mandando con su Ciudadano Kane (1941)
La prensa escrita es protagonista y epicentro de la trama de la película de Orson Welles (1915-1985) Ciudadano Kane. El diario New York Inquirer, propiedad de Charles Foster Kane (personaje inspirado en el magnate de las comunicaciones americano William Randolph Hearst), funciona como un instrumento manipulador de masas a lo largo de una completa red de periódicos, radios y sindicatos distribuidos por EEUU: “Todo el mundo pensará lo que yo les ordene que piensen”. El periódico se revela por tanto, en comparación con el cine o la radio, como uno de los medios de comunicación más importantes de comienzos del siglo XX. 
La película se estructura en un continuo flashback, –una de las primeras veces que se utilizaba este recurso en el cine– desmontando la vida del periodista a través de la imagen que sus conocidos tienen de él, mediante una palabra que aparece tanto al inicio como al final de la narración: "Rosebud". Con este fin, el espectador es testigo de la labor periodística y deductiva de Thompson por conocer el origen del término y cualquier información que arroje luz sobre el popular personaje, del que se desconocen detalles que podrían ser reveladores. Esta locución, verbalizada al principio junto al desplome de la bola de cristal de nieve y encadenada con las imágenes nevadas de su infancia, evocarán los recuerdos de niñez e inocencia perdidos, el hogar, el calor maternal, la sencillez, el pasado que nunca pudo disfrutar y que en sus últimos días se arrepiente de no haberlo hecho, en parte, por encontrar en lo material del dinero o el poder todo lo que no pudo conseguir, como la felicidad o el afecto. Así, Welles, dibuja con efectividad visual la degradación de valores y ascenso económico del protagonista mediante el contraste y el llamado “sueño americano”.
Para el ciudadano Kane no hay nada ni nadie sagrado, todo es susceptible de ser adquirido y posteriormente almacenado en su solitario castillo de Xanadú, igual de sórdido en su interior que su fracaso moral. Esos objetos inanimados simbolizan la ruina de una vida exitosa que ha terminado en una inevitable sensación de desolación. A medida que los allegados de Kane nos cuentan, tras su muerte, sus impresiones sobre el difunto, de una forma parcial e incompleta la formación de una opinión sobre el  significado de Rosebud y el rompecabezas de Charles recae en el espectador como si se trataran de una misma pieza, mostrando al máximo representante del poder de la prensa con todas las contradicciones y problemas de su condición humana. 

24 de abril de 2011

angus & julia stone

Angus & Julia Stone, australianos y cantantes, agraciados y encantadores hermanos que suenan al tempo de unas voces cálidas y románticas, ilustran los sueños bucólicos de una cada vez más presente masa neofolk, esta vez agolpada en la tímida sala Bikini que ostentaba el sold out desde hacía días –tras el cambio de la sala BeCool y teloneados por el también antípoda Steve Smyth, lo que empujaba a ser el remate final de una diada de Sant Jordi perfecta. De temprano talento artístico, los frutos de este dúo empezarían a recogerse en su primer EP Chocolate & Cigarrettes de 2006, que predecería a su primer trabajo discográfico A book like this, cosecha que terminaría por abastecer las expectativas de las críticas con su floreciente Down the way, repleto de ejemplos como "Big Jet Plane" o "And the boys" que romperían la calma de su apacible anonimato.
Si bien es cierto, gran parte del color vocal de los Stone lo aporta la sinuosa y naïf voz de Julia, la cuál a la par que su hermano, tienen disco en solitario: The memory machine y Smoking gun respectivamente, este último de un encanto excepcional bajo el no muy masculino nombre Lady of the Sunshine. Pero no sólo eso,  el trabajo de estos artistas de pura cepa –sus padres son también músicos– es capaz de pervertir hasta la extenuación el "You're the one that I want" de Grease para convertirlo en una adorable versión acústica. Aún así, el ambiente distendido que se creó dio para algún que otro despiste  u olvido en la letra, que pudo solventarse con el desparpajo de ambos hermanos cuyo feeling en el escenario era superior a cualquier parentesco. Con este dulce panorama poco sería de extrañar que el concierto acompañado de violín, trompeta o harmónica no remitiera a la naturalidad de un paseo entre campos de infinitas espigas y de otras tantas rosas rojas que despuntaban en un día tan importante para la identidad catalana como para la tranquilidad de espíritu general.

Angus & Julia Stone - Santa Monica Dream

19 de abril de 2011

secreto a voces lusas

Joao Luís Arrais, Mª Joao Bastos y Adriano Luz en Misterios de Lisboa (2010)
A partir del folletín romántico del escritor portugués Camilo Castelo Branco Los Misterios de Lisboa (1854), novela coral de entramado amoroso y relevancia social donde los secretos familiares y la consciencia de culpa atormentan el recuerdo infundado de un joven moribundo Pedro da Silva, el cineasta chileno Raúl Ruiz (1941 - 2011) recrea su adaptación homónima junto al guionista Carlos Saboaga en 266 minutos de minucioso metraje, –más una versión extendida por capítulos para la televisión– consiguiendo entre otros triunfos la Concha de Plata al mejor director en la pasada edición del Festival de San Sebastián. 
Siguiendo un sistema narrativo a modo de cajas chinas, el espectador descubre los entresijos de unas vidas complejas repletas de encuentros y desencuentros, situadas siempre “entre bastidores” respecto al teatrillo de João, permitiendo asistir a la existencia de unos personajes enclavados en su propio marco: el de la literatura; el del cine; el del mundo como un gran teatro, como un juego que no se puede controlar –del que el mismo protagonista forma parte–, justificando así cierto aire efectista que sobrevuela durante todo este trepidante viaje generacional. La estructura de la película, pues, sujeta la dramática, delicada y corta vida de Pedro da Silva, un falso huérfano sin nombre concreto (João), cuyo deseo de conocer su origen le lleva a presenciar todo un desfile de personalidades a través de los relatos iniciados por el polifacético y benefactor padre Dinis, al que se incorporarán otros narradores como la advenediza madre Ângela de Lima, Alberto de Magalhães, Elisa de Montfort, el Conde de Santa Bárbara, Blanche de Montfort o el propio Pedro, introduciendo cada uno a otros por medio de confesiones que descubrirán la génesis oscura y motivacional de sus historias. Pero más que un progenitor, el protagonista necesitará alcanzar la felicidad, la libertad, el amor, la verdad, una referencia fuerte que sacie su necesidad imperiosa de encontrar el apellido que le falta, –indispensable para llegar a ser alguien en aquella época–. De este modo y hasta el final de la película, Pedro estará desconcertado y falto de capacidad de reacción ante los acontecimientos, luchando contra las paredes de su escenario –su madre le regaló ese teatro de niño cuando estaba enfermo como si así ya le indicara que en su vida solo sería un títere incapaz de moverse por si solo, sin una personalidad definida–. 
Secretos que surgen de aquí y allá, amores ardientes, pecados que necesitan ser purgados, todo un caleidoscópico fresco que debe ser observado con atención en una historia que viene y va durante más de medio siglo sin importar que se pierdan conexiones entre las piezas de un extenso rompecabezas. Es en una habitación donde empieza y acaba todo. Empieza convaleciente de unas altísimas fiebres y termina postrado en otra cama de similares proporciones por un achacante viaje de Lisboa a las costas brasileñas, que acabará por apagar la poca luz que soporta la vela del escribano al que a duras penas relata su propia versión de sí mismo.

Misterios de Lisboa - Making off 
banda sonora original: Jorge Arriagada

17 de abril de 2011

paul al atardecer

El universo de Paul Auster de nuevo en Sunset Park (2010)
Sunset Park es la ultimísima novela del norteamericano Paul Auster (1947- ) que, aparte de dar nombre a la obra, evoca al escenario de su recurrente ciudad de cristal, esa en la que habitan una serie de personajes, reales o no, tan verosímiles que acaban resultando íntimos para el lector: la omnipresente Nueva York. El barrio en cuestión, situado en el distrito de Brooklyn, combina construcciones de estilo neoclásico y Art Decó, sobrio y decorativo respectivamente, lo que apunta a un notable contraste que dibuja la riqueza del conjunto literario; por una parte los desahuciados jóvenes okupas de la llamada “generación perdida”, llenos de vocaciones pero escasos de recursos económicos o, aquellos desheredados que en plena recesión americana (la historia se desarrolla de noviembre de 2008 a mayo de 2009) no pueden hacer frente a sus hipotecas. Junto a este cuadro se enclavan, en lugares diferentes, los acomodados padres del protagonista, lo que abre una brecha entre la presente crisis económica y el difícil momento de Miles Heller por llegar a conocerse y aceptarse a sí mismo, abrumado por el recuerdo del desafortunado accidente de su hermanastro. Ese mismo empellón que sesgó la vida de Bobby en la carretera será el que azote también al protagonista de aquí para allá sin rumbo fijo, renunciando a sus ilusiones y buscando refugio en el presente amor con Pilar Sanchez.  
En vez de contarnos cómo las vidas de las personas terminan por coexistir en esta sociedad prefabricada, Paul Auster acepta que el protagonista nunca acaba de hacerse, que las parejas nunca encajan completamente, que las relaciones de compañerismo en esa casa abandonada terminan gestando una sencilla complejidad con los aledaños del otro, en una búsqueda de sus identidades a través de la sexualidad del generoso Bing Nathan, la erótica pintora Ellen Brice o la comprometida doctorando Alice Bergstrom. Conforme leemos la historia central descubrimos entre sus líneas la profundidad de los relatos que contiene: el acercamiento entre un padre y un hijo; las desavenencias conyugales o el suicidio de la hija de Renzo Michaelson, matizando los contornos de cada uno de ellos, las luces y las sombras de cada personaje hasta convertirlos en personas de carne y hueso. He aquí la magia de este autor, genio de la metanarrativa, que hace de una historia relativamente sencilla todo un juego de espejos en el que las tramas se van reflejando unas a otras.

8 de abril de 2011

ava infinita

Doña Ava Gardner dialoga con una joven Ava en La noche que no acaba (2010)

¿quién es el animal más bello del mundo?
Joseph L. Mankiewicz (1909-1993) dirige en 1954 La condesa descalza, tomando como referencia el cuento de la Cenicienta, en un análisis sutil del showbusiness hollywoodiense y de sus estrellas, situando la figura de Ava Gardner (1922-1990) en el papel de la actriz ficticia María D'Amata, una bailarina española de origen humilde que ve como el mundo del espectáculo se rinde a sus pies, pero que acabará siendo víctima de sus sentimientos a manos de un conde despechado, su oscuro e impotente príncipe azul.  
El relato comienza y termina en el funeral de la condesa; primero con la incesante lluvia que oculta bajo los paraguas las expresiones de los asistentes (menos las de un lúcido y empapado perdedor Harry Dewes), para acabar delatadas al escampar y salir el sol, un círculo en el interior del cuál se visualizarán las diferentes etapas de la condesa María Torlato-Favrini a través del monólogo interior de este cineasta frustrado interpretado por Humphrey Bogart. En este sentido, él no busca juzgarla, prefiere relatar lo que ha vivido, la libertad con la que la ha tratado, esa mujer que adoraba a su padre y que verá en Dawes a un segundo referente, alguien en quien podrá confiar como esa "hada madrina" que la arrebató de los tugurios de Madrid para hacerle realidad un sueño de nueva princesa de cuento, ser actriz de Hollywood. La desgracia de ésta sobrevendrá cuando vea que los hombres no pueden ver más allá de su exuberante cuerpo, razón por la que buscará la felicidad en la farándula y finalmente en la nobleza. Al fin y al cabo, la frase de Harry “un guión debe tener sentido, la vida no” viene a metabolizar al propio relato, al querer mostrar la vida en sí misma, sin ningún happy end.
En esta película resplandece una Ava Gardner (1922 1990) rebosante de un sex appeal que, al son de un erótico baile flamenco o tendida en un tórrido traje de baño, provoca la lascivia del personal. El documental de Isaki Lacuesta La noche que no acaba (2010) basado en el libro de Marcos Ordóñez Beberse la vida, los años de Ava Gardner en España fue presentado en San Sebastían el año pasado y laureado en la recién clausurada 14ª edición del Festival de Málaga, donde a través de las voces de Ariadna Gil (Ava de los años 50) y Charo López (Ava de los años 80) se recoge la vida pública –y también privada de la estrella desde el primero hasta el último instante de su paso por nuestro país. Así se recoge en una entrevista años después de descalzarse del cine: “mi belleza se ha marchitado, pero eso me libera”, consciente del frenético objeto del deseo con el que sucumbió a la cámara y reflejo de una vida, detrás de ella, igual de agitada. Para que la vida loca de Ava  pueda ser disfrutada por todos –y criticada por los demás–habrá que esperar a su estreno oficial en cines, fecha que de momento se desconoce.