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19 de diciembre de 2012

en el nombre de cage, de la música y del budismo zen

John Cage trabajando en su prolífica e inclasificable obra

Sonatas e Interludios para piano preparado I - XVI (1946 - 48)
In a landscape, para piano solo (1948)
Suite para piano de juguete (1948)
Child of tree, improvisación con material vegetal amplificado (1975)

Si “veinte años no es nada” como diría aquél manido tango llamado Volver, lo cierto es que el reciente centenario del nacimiento de John Cage (1912-1992) podría haber pasado sin más pena que gloria. Afortunadamente, –y en esto si que le doy la razón a Gardel– todo vuelve, y un homenaje a la carrera de este experimental compositor americano, discípulo de los reformadores y revolucionarios Arnold Schoenberg, Henry Cowell y Adolph Weiss y ligado a la evolución del sonido y a la creación de un arte imprevisible, despersonalizado y alejado de todo academicismo -con influencias incluso del Budismo Zen– merecía mención especial en 2012, más aún habiéndose cumplido dos décadas de su fatal pérdida. El tributo del pasado 17 de diciembre bajo el título Homenajes III. John Cage, 100 años en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional dentro del Ciclo Series 20 / 21 del Centro Nacional de Difusión Musical, como no podía ser de otra forma giró en torno al piano, o mejor dicho, de los pianos, pero no de unos cualquiera; desde el preparado a la manera de Cage para las dieciséis sonatas y cuatro interludios, hasta el de juguete para la «Suite for Toy Piano» encargado por el coreógrafo y pareja sentimental de éste, Merce Cunningham, piezas todas ellas compuestas entre 1946 y 1948. Y todo, en sutil concordancia a los movimientos de pies y manos que el virtuoso francés de 31 años Bertrand Chamayou deconstruía a través de su maestro y de las restantes piezas; En un paisaje para piano sin preparar, o el solo aleatorio de percusión Hijo del árbol sobre las espinas amplificadas de unos cactus, de 1948 y 1975 respectivamente, resonando en conjunto a todo menos al ideal del instrumento en cuestión, con una delirante coreografía que, permaneciendo sentado y tras varios cambios de banqueta, culminaba revulsiva e impecable en el suelo y frente al público. 
A parte de los setenta y cinco minutos sin pausa de este inusual paquete pianístico no está de más recordar aquella definición que el propio Cage haría de sí mismo, 
“Me encamino hacia la violencia más que hacia la delicadeza, hacia el infierno más que al cielo, hacia lo feo más que hacia lo bello, hacia lo impuro más que hacia lo puro, porque al hacer estas cosas resultan transformadas, y nosotros resultamos transformados” 
una dicotomía continua en la que se debate su música y de la que no se entendería sin las alteraciones que el artista radical haría de ese particular mueble burgués “de cola” –indicaciones proporcionadas al intérprete para preparar 45 de las teclas– que tras su colaboración con la bailarina Sybilla Fort introduciría en el proceso compositivo en forma de objetos de diferente naturaleza como madera, plástico, goma o metal entre las cuerdas de éste, convirtiéndolo en una orquesta causal controlada por los diez dedos de un único músico, en una búsqueda de nuevas tramas sonoras que no necesariamente pertenecieran al sistema tradicional y consiguiendo así una gama de sonoridades mucha más amplia que con un piano normal, enriqueciéndolo a su vez de armónicos, resonancias y otros efectos de percusión.  A pesar de que Cage rechazara mostrar sentimientos y emociones humanas por medio de la música –razón que le acabaría impulsando a experimentar con los procedimientos aleatorios– en estas piezas se busca suscitar en el receptor ciertos estados de ánimo, que tenderían hacia la tranquilidad de las últimas sonatas y a la evocadora música de la cultura oriental (por ejemplo en XIV y XV). Es así como, en cierta forma, estas sonatas e interludios apuntan hacia el futuro y al mismo tiempo lo mantienen dentro de la tradición, una praxis que ya premonizaría su admirado Erik Satie, un año después de que éste naciera, con su breve obra de 1913 La piège de Méduse, al haber sido el primero en inducir al intérprete a modificar un piano. 
El peso de uno de los artistas más importantes del siglo XX, creador de nuevos mundos musicales, filósofo, teórico y organizador de sonidos y silencios puede verse en los destellos del rock y la electrónica más alternativa actuales de Sonic Youth, Aphex Twin o Stereolab, pero sobretodo pudo sentirse más vivo que nunca en la cuidadosa, arrebatadora y elegante interpretación de Chamayou con un concierto didáctico y normativo –que no purista– pero libre y atrevido, de donde nace toda esa fuerza embriagadora de este gran maestro que nos hizo pegar el oído a melodías inimaginables.



Good Morning Mr. Orwell (1984) - Programa experimental de Nam June Paik

9 de marzo de 2012

summer camp



Los campamentos son para el verano, y con ellos la diversión, el buen tiempo y las bromas, o por lo menos lo eran, puesto que no dejan de ser también recuerdos que van de la infancia a la adolescencia de muchos, un viaje llamémosle así a tener en cuenta para entender ese momento en el que Elizabeth Sankey y Jeremy Warmsley decidieron 'reencontrarse' años después de su particular Summer Camp. Sensaciones como las de sostener un viejo álbum de fotos y repasar esas marcas que han dejado en ti aquellas instantáneas, o revivir hechos y situaciones grabadas por tu olvidada cámara de vídeo no sólo sirven para rememorar u añorar o desear volver allí, si esas imágenes han soportado el peso de los años, ¿por qué no seguir manteniéndolas? o mejor aún, ¿por qué no sacarlas a la luz y compartirlas con todos? Dos pícaros ingleses que supieron darse bombo –o mentir descaradamente entre las bambalinas de Internet– como supuesta banda sueca juvenil cuyos componentes se reencontraban tras su paso por un campamento de verano, fue el secreto que acabó delatándoles ante la crítica, pasando a ser la comidilla de muchos y trasladando al dúo directamente de su MySpace a las salas de conciertos –producidos por el nada desdeñable Steve Mackey de Pulp–, y todo, con un debut en forma de retorno a 'aquellos maravillosos años 80', una década esencial para ellos y para el calado general de sus seguidores, como demuestra la canción "1988" del Welcome to Condale. Así, tras el lanzamiento de su primer disco el pasado noviembre, estos versados púberes de alma melancólica pasaron por la Sala Razzmatazz de Barcelona el jueves 8 de marzo durante la Experiencia SOS 4.8 para presentarlo y cantar a los fracasos amorosos y sueños de juventud, al son de la natural, cálida y por momentos indómita naturaleza de ella, y de una deliciosa voz rota que supo manejar en íntima armonía con un público entregado y deseoso de corearla, sobretodo hacia la mitad del concierto con el "Losing my mind" que ambos se marcaron casi a capella. Imposible desprenderse de ese pop a flor de piel indie que recién despierta este grupo, un dulce sabor de boca que quizás se comporte como ese evocado primer y acalorado amor de verano que poco a poco se desdibuja y cae con el correspondiente chaparrón otoñal, mientras se proyectan ante ti imágenes icónicas de los ochenta; de un Michael J. Fox de pelo en pecho al Footloose de Matthew Broderick. Recurrente sí, pero igualmente nuestra más reciente Belle Époque.

16 de octubre de 2011

patrick wolf

Patrick Wolf, cantante, mamífero y descarnante animal escénico por igual, utiliza su parte licántropa para nombrar no sólo su yo más visceral, sino su último disco, homónimo a una de las fiestas paganas de la Antigua Roma más salvajes, la Lupercalia, precedente del actual San Valentín. Si es o no un canto al amor, quizás sea el morbo que despierta su aullido –el que se esconde tras esta alegoría sobre la fábula de un fauno anteriormente descarriado y ahora, moralejas de la vida, asentado y bastante cebado– la constante vital que hace de Patricio Lobo –como se hizo llamar en el concierto del pasado sábado en la Sala Apolo de Barcelona– un éxito asegurado ante su fiel manada de seguidores.
Su espacio natural es épico en un ritual que convierte el sonido del viento en instrumento, mientras, el movimiento de cuerdas acompaña los bailes frenéticos del estridente sátiro de voz romántica y decadente. Toda una mezcolanza de sentimientos que empastan a la perfección en una orquesta de cámara con tintes de contundente percusión, recogidos en su bonus disc Lemuralia, una sigilosa y pausada alternativa a algunos de sus recientes temas, que con motivo de este regalo vienen acompañados de cinco vídeos tan sugerentes como soberbios. El escándalo está servido, pero desde luego, con buen gusto.

Patrick Wolf - Lupercalia IV

24 de abril de 2011

angus & julia stone

Angus & Julia Stone, australianos y cantantes, agraciados y encantadores hermanos que suenan al tempo de unas voces cálidas y románticas, ilustran los sueños bucólicos de una cada vez más presente masa neofolk, esta vez agolpada en la tímida sala Bikini que ostentaba el sold out desde hacía días –tras el cambio de la sala BeCool y teloneados por el también antípoda Steve Smyth–, lo que empujaba a ser el remate final de una diada de Sant Jordi perfecta. De temprano talento artístico, los frutos de este dúo empezarían a recogerse en su primer EP Chocolate & Cigarrettes de 2006, que predecería a su primer trabajo discográfico A book like this, cosecha que terminaría por abastecer las expectativas de las críticas con su floreciente Down the way, repleto de ejemplos como "Big Jet Plane" o "And the boys" que romperían la calma de su apacible anonimato.
Si bien es cierto, gran parte del color vocal de los Stone lo aporta la sinuosa y naïf voz de Julia, la cuál a la par que su hermano, tienen disco en solitario: The memory machine y Smoking gun respectivamente, este último de un encanto excepcional bajo el no muy masculino nombre Lady of the Sunshine. Pero no sólo eso,  el trabajo de estos artistas de pura cepa –sus padres son también músicos– es capaz de pervertir hasta la extenuación el "You're the one that I want" de Grease para convertirlo en una adorable versión acústica. Aún así, el ambiente distendido que se creó dio para algún que otro despiste  u olvido en la letra, que pudo solventarse con el desparpajo de ambos hermanos cuyo feeling en el escenario era superior a cualquier parentesco. Con este dulce panorama poco sería de extrañar que el concierto acompañado de violín, trompeta o harmónica no remitiera a la naturalidad de un paseo entre campos de infinitas espigas y de otras tantas rosas rojas que despuntaban en un día tan importante para la identidad catalana como para la tranquilidad de espíritu general.

Angus & Julia Stone - Santa Monica Dream

28 de enero de 2011

joanna newsom

Joanna Newsom no es una sirena; tiene escamas pero en las manos, pues sus dedos estan curtidos de la fricción mecánica de las cuerdas. Se podría decir de ella que ha nacido para deleitar al común de los mortales –como buena musa de la música– y no sólo eso, sino que viene acompañada de un arpa robusta que concuerda con su introvertida y romántica voz. Seguramente sea lo más parecido a un ángel que se haya visto nunca, ya no en el cielo sino en la Tierra, en un entorno prácticamente idílico: el Palau de la Música Catalana de Barcelona.
Joanna y su banda dejaron bien alto el listón el pasado 20 de enero, como demuestran las ovaciones de público y crítica especializada, rompiendo el silencio sepulcral del teatro con su aguda voz nasal, acompasada de violines, trombón o piano, además de sugerentes percusiones propuestas por el artista multidisciplinar Neal Morgan. Así pasaron las casi dos horas de concierto, amenizadas por un cuidado repertorio escogido, sobretodo de su último trabajo Have one on me, y todo entre risas de una divertida y luminosa artista que sabía poner la nota de humor mientras colocaba un micro o se movía por el escenario buscando sus bártulos. 
Por si esto fuera poco la inminente edición en DVD del documental The Family Jams de Kevin Barker sobre la gira que, tanto Joanna Newsom como Devendra Banhart, Anthony & the Johnsons o Vetiver llevaron a cabo en 2004 por Estados Unidos, tiene como muestra estre trailer.


Joanna Newsom - Bridges & balloons